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domingo, 9 de febrero de 2020

Entrevista: Bruno Montané en Culto de La tercera

A continuación una entrevista a Bruno Montané, el personaje de  Felipe Müller en la novela Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño que apareció hace unos días en la sección cultural de La Tercera.
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Bruno Montané: "Duele que el dinero del legado de Bolaño se use para demandar a sus amigos"

Con el autor de Los detectives salvajes integró el movimiento infrarrealista en México. Ahora reúne 40 años de labor poética en El futuro. Desde 2017 sus cartas con el escritor de 2666 están en la Biblioteca Nacional de España.

Javier García 21 Ene 2020 12:15 am


Nació en Valparaíso en 1957, luego vivió en Santiago en los años de la UP. Tras el golpe de Estado, con 17 años, Bruno Montané llegó a México, en 1974. Allí conoció a Roberto Bolaño y Mario Santiago y juntos crearon el movimiento infrarrealista que quedaría para siempre registrado como “realvisceralismo”, en la novela Los detectives salvajes, donde Montané inspira al personaje Felipe Müller.

En 1976 Montané se trasladó a Barcelona, España, y su vínculo con Bolaño continuaría. Incluso juntos escribieron y publicaron poemas a cuatro manos. 

“He aprendido poesía, también, y camaradería cotidiana, de Bruno Montané, quien llegó a mi casa en México, en 1974, cuando tenía 17 años y yo 21, y de allí en adelante cuántas aventuras, recitales, préstamos, S.O.S., conversaciones en el fondo de la gillette”, apunta Bolaño en la antología Entre la lluvia y el arcoíris (1983), de Soledad Bianchi. Más tarde dirá sobre los versos de su amigo: “Montané escribe como un naturalista que cree en muy pocas cosas y que sin embargo sigue haciendo su trabajo con tesón”.

Hijo de la poeta y pintora Helga Krebs, quien participó con uno de sus dibujos en el libro Chistes parra desorientar a la policía poesía (1982), de Nicanor Parra, y del arqueólogo Julio Montané, autor del Atlas de Sonora, que Bolaño usó para escribir sobre México; Bruno Montané es autor de los poemarios El maletín de Stevenson (1979-1981), El cielo de los topos (1987-1995) y Mapas de bolsillo(2013). Ahora, reúne esos tres títulos más un conjunto de inéditos en la antología El futuro, disponible en Chile por editorial Candaya.

Antes del estallido social de octubre, Montané llegó con su mujer al sur de Chile. Ahora está en Santiago y regresará en febrero a España. Vino dos veces antes, solo algunos días, incluso compartió un festival con el poeta Leopoldo María Panero, en 2004, pero esta es su estadía más larga en 45 años.

“Yo no tuve vida adulta en Chile, que sí la estoy viviendo estos días.Con respecto a la revuelta social, me parece una cosa increíble este espíritu colectivo que se ha generado. Los muros que también han hablado, oscilando sus mensajes entre la rabia y la poesía. Mi adolescencia en Chile fue durante la UP, pero había un lenguaje distinto, más regulado. Hoy hay una nueva manera de cómo decir las cosas”, comenta Montané. 

De bromas y juicios 
“El mito fue de carne y hueso y respiró,/ pero ahora ríe en el fulgor de ese oleaje/ que desafía todas las derivas”, escribe Bruno Montané en el poema Un nuevo mito, parte de esos versos inéditos apuntados en una libreta con el nombre de El futuro, que le dieron título a la antología que ahora publica.

El ejemplar abre con un prólogo del crítico español Ignacio Echevarría: “No queda en este libro testimonio alguno de la prehistoria del poeta Bruno Montané, activo partícipe de la neovanguardia mexicana de la década de los setenta”.

Sobre ese pasado, señala Montané, unos de los pocos sobrevivientes tras la muerte de Mario Santiago (1998) y Bolaño (2003): “Lo más importante del infrarrealismo era el ideal de grupo, luego la personalidad y genialidad de Mario y Roberto eran totalmente nucleares. Pero el infrarrealismo también fue una genial broma poética colectiva, generada por ellos”.  El poeta cuenta que se escribió decenas de cartas con Bolaño. Ese material pudo haber ido a parar a algunas universidades norteamericanas e incluso al Archivo del Escritor en la Biblioteca Nacional de Chile. Pero finalmente, en 2017, la Biblioteca Nacional de España adquirió el epistolario formado por 44 cartas (fechadas entre 1976 y 1997), 18 tarjetas postales y 3 piezas manuscritas de Bolaño. 

“Quizá lo mejor hubiese sido que quedaran en Chile, pero yo estaba con un problema económico grueso en ese momento y, bueno, se quedaron en España. El epistolario de Roberto es buenísimo, cada carta de él es un texto que vale mucho”, señala Montané. Entre esos documentos hay un texto de 14 páginas que Bolaño escribió tras la lectura dePurgatorio (1979), del poeta Raúl Zurita.

Montané lamenta que no se puedan publicar esos papeles. Además, recuerda que Bolaño mantuvo una extensa correspondencia, entre otros, con Antoni García Porta (Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce) como con el poeta Carlos Edmundo de Ory. “Está en Cádiz ese epistolario y es maravilloso porque Carlos hacía copia de las cartas”, dice Montané.

Ayer, el crítico Ignacio Echevarría se refirió al epistolario de Bolaño en la columna Malas cartas, en el suplemento El Cultural, de El Mundo. “La procelosa correspondencia de Roberto Bolaño, por ejemplo, sin duda una de las vetas más ricas y asombrosas de cuanto escribió, no puede ser publicada sin el consentimiento de sus herederos, no al menos hasta que sus derechos pasen a dominio público”.

Hace diez días, Echevarría fue absuelto en un juicio en España. Carolina López, viuda de Bolaño, lo demandó por “atentar contra el honor y la intimidad de su familia”, al afirmar que el escritor mantuvo una relación con Carmen Pérez de Vega. Ante el resultado López deberá pagar los costos del proceso. En ese juicio Montané sería testigo, pero se excusó porque se encontraba en Chile.

Sobre los juicios que ha emprendido la viuda de Bolaño, comenta Montané: “Duele que el dinero del legado de Bolaño se use para demandar a sus amigos. Ahora también esta última resolución deja en evidencia que una demanda tiene que corresponder a algo demandable. Ha sido un buen punto, como precedente, en este asunto de las demandas literarias”.

domingo, 5 de enero de 2020

Nota: Nuevo episodio del culebrón judicial póstumo de Roberto Bolaño

Hace ya casi un mes se publicó una nota en El Periódico - Edición Cataluña, escrita por Elena Hevia y firmada en la ciudad española de L'Hospitalet (en la provincia de Barcelona), en la que se da seguimiento a los juicios que ha entablado Carolina López en contra de varios de los amigos y allegados (literarios) de su esposo fallecido, es decir Roberto Bolaño.

Más allá de lo que se reporta, que resulta bastante claro y bien narrado, vale la pena destacar el encuentro que tuvieron a raíz de estos pleitos dos de los más importantes agentes literarios en el mundo: Jorge Herralde y Andrew Wylie.

La palabra culebrón en España refiere a lo mismo que una telenovela en México, tanto por su nivel de drama como por su prolongada duración... No cabe la menor duda de que la vida póstuma de Bolaño sigue dando mucho de qué hablar, ojalá no más que su propia vida, o quién sabe.

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Nuevo episodio del culebrón judicial póstumo de Roberto Bolaño
  • La viuda del escritor continúa con sus querellas, esta vez contra el crítico Ignacio Echevarría, acusándole de vulnerar su honor y su intimidad
  • Carolina López ha intentado borrar a golpe de denuncia la existencia de la última compañera del autor de '2666'
Lali Gubern, Jorge Herralde y el agente literario Andrew Wylie.

Cabe esperar que un choque de manos afectuoso y con un punto de burlona camaradería como el que este martes intercambiaron el agente literario internacional Andrew Wylie y el editor español de más prestigio, Jorge Herralde, debería tener como escenario un lujoso hotel de Fráncfort en plena Feria del Libro. Pero no, ocurrió en L’Hospitalet de Llobregat en la puerta de acceso al Palau de la Justícia y aunque uno y otro intercambiaron impresiones jocosas - "hombre, Andrew, ¿qué haces en este país?", "es que me he equivocado de avión, Jorge"­-, por debajo latía la tensión de una historia que ha desembocado en uno de los juicios literarios con trasfondo editorial más esperados. El que enfrenta a la viuda de Roberto Bolaño, Carolina López, contra el que fuera amigo de su marido, el crítico Ignacio Echevarría. A quien el autor de ‘Los detectives salvajes’ dejó como "referente en sus asuntos literarios" y quien a la muerte del autor actuó como editor ejecutivo de sus tres primeros trabajo póstumos -incluida su obra maestra ‘2666’- y a quien posteriormente López apartó de esas funciones. Echevarría además aparece como personaje en la novela ‘Los detectives salvajes’ bajo el nombre de Iñaki Echevarne. Para no dejar un dato importante para el final, hay que decir que la fiscal ha desestimado el caso en espera de que finalmente el juez lo haga también o dicte una sentencia inculpatoria.

Carolina López, viuda de Bolaño, y el hijo de ambos Lautaro

En el elenco de esta historia a la que muchos tildan ya de culebrón hay que mencionar al agente literario más pertinaz y agresivo del planeta, Wylie, al que no en vano llaman ‘El Chacal’, que ha acabado gestionando los derechos indiscutibles de la viuda y los hijos de Bolaño, Lautaro y Alexandra; al gran editor Jorge Herralde, que pasó de encumbrar internacionalmente al escritor a perderlo de su catálogo por asuntos que muchos califican de "ajenos a los intereses de la propia obra y a los expresados por el propio Bolaño" y, por último pero quizá más importante, como se verá, a la que fuera la última compañera del autor de ‘Llamadas telefónicas’ en los últimos seis años de su vida, Carmen Pérez de Vega, a la que Carolina López ha intentado borrar de la historia oficial a golpe de denuncia. De hecho, un juicio contra Pérez de Vega se falló en marzo del 2019 reconociendo su relación de pareja con Bolaño pero conminándola a no hablar públicamente de la misma y obligándola a pagar 35.000 euros, una cantidad irrisoria para Carolina López pero prohibitiva para la demandada. Sin embargo, esa sentencia ha sido recurrida en la Audiencia Provincial de Barcelona por ambas partes.

En el juicio de ayer, el tema Pérez de Vega sigue siendo la almendra de las querellas. El detonante fue un artículo publicado en la revista ‘El Cultural’, en el que Ignacio Echevarría a raíz de la publicación del inédito de Bolaño ‘El espíritu de la ciencia ficción’ mostraba su desacuerdo con la forma en la que estaban siendo publicados los inéditos, sin una contextualización clara que los identificara como obras no terminadas -una opinión a la que también se había sumado ‘The New York Times’ en un artículo- y explicaba con detalle su entendimiento con Pérez de Vega, buena conocedora de la obra de Bolaño, a la que acudió para consultarle algunas dudas que tenía respecto a las ediciones que asumió. 

Esto sucedió después de que cualquier agradecimiento o velada alusión a Pérez de Vega que apareciera en los primeros trabajos sobre el autor fuera respondida por Carolina López con una prohibición directa a su publicación y con la retirada de la confianza a Echevarría y años después a Jorge Herralde tras informarle a través de Wylie de que existía una oferta mejor en Alfaguara pero sin darle la oportunidad al veterano editor a mejorarla.

Como material de la querella, además del artículo de ‘El Cultural’, también se considera una carta abierta publicada en el diario 'El País', en respuesta a una de Carolina López en la que negaba haberse marchado de Anagrama de forma "impulsiva o vengativa" y negaba la relación de su marido con Pérez de Vega.

Oponentes civilizados
Esas son las circunstancias en las que Wylie, desplazado de su feudo neoyorquino a L'Hospitalet, testigo de la viuda, y Jorge Herralde, por parte de Echevarría, chocaron los cinco, y actuaron como civilizados oponentes. Por parte de Carolina López, también se esperaba la presencia como testigo de Pilar Reyes, antigua directora de Alfaguara y actual directiva de la división literaria del grupo Penguim Random House, que excusó su asistencia por un viaje inoportuno.

El crítico literario Ignacio Echevarría.

Poco antes de que se le llamara a testificar, Herralde se mostraba orgulloso de que a sus 50 años de trayectoria y con un catálogo de 4.000 títulos nunca hubiera tenido que acudir a un juicio hasta el momento, si se exceptúa aquel momento en los 70, en tiempos de lucha antifranquista, cuando estuvo a punto de ser juzgado por rebeldía y la querella no prosperó.

Wylie defendió que el traspaso de los libros de Anagrama a Alfaguara obedecía únicamente a razones económicas y mencionó a Carolina López como una de esas viudas con las que resulta fácil meterse a la muerte del marido. Sin embargo, el abogado de Echevarría -su hermano Javier- sostiene que, ante las acusaciones de la viuda de vulneración al honor y a la intimidad familiar, él lo hizo con afán meramente opinativo. "Si Echevarría mencionó en su artículo a Carmen Pérez de Vega fue porque muchas de las actuaciones cuestionables de Carolina López estaban influidas por ese tema. La acusación habla de hechos falsos en los artículos, pero aquí no hay hechos falsos, solo opiniones".

Previo a la venta
En los pasillos de la Ciutat de la Justícia, Herralde evocaba cómo previo a la decisión de Carolina de vender a Alfaguara, una abogada del bufete que llevaba los temas legales a la viuda se presentó ante el editor con la propuesta velada de que si hacía una declaración pública negando la existencia de la relación entre Bolaño y Pérez de Vega, podría haber una posibilidad de que no perdiera sus derechos. "La de Bolaño y Pérez de Vega era una relación emocional muy próxima y yo tuve la suerte o el infortunio de ser presentado por Bolaño a Carmen Pérez de Vega, y lo hizo como su novia".

Respecto a las acusaciones de la viuda querellante a Echevarría achacándole lucrarse como ‘editor’ de los libros póstumos, Herralde ha entresacado de la demanda el dato de que este cobró 1.000 euros por esa tarea. "Cuando Carolina López decide apartar a Echevarría del legado, se pone en contacto con él a través de la agencia Balcells pidiéndole una minuta de sus trabajos por los que no había cobrado nada. Y él en un gesto elegante le pasa un factura de 1.000 euros, poca cosa si se tiene en cuenta la labor realizada. ¡Y ahora lo aportan como prueba de que se estaba lucrando!". Fin, por ahora, de la temporada. El culebrón continuará.